Mujeres contando en voz alta

"Diario del Cáncer..."

Por: Alexis Ponce

19.04.2016_Diario_del_Cancer_ap_FOTO_JOSH_FLETCHER.jpg

Foto: facebook de Josh Fletcher


I

¿Qué, después de tanta muerte? ¿Qué, luego de ver estas mis ciudades, con tantos edificios derrumbados, llenas de polvo y luto calles enteras, que hasta parecían ciudades de mi Palestina, o Libia, de Irak o Siria, después de cada bombardeo?

¿Qué decir, "ahora que la muerte se ha llevado el último jirón de tu vestido"? ¿Qué puede decir la vida, después de mirar, y no olvidar, las numerosas muertas manos de tantas madres muertas, entre los escombros los restos de sus nombres, el último alarido sin que Dios escuche, intentando sostener las manitas de sus hijos, intentando empujarlos a la vida, ellos muertos también, última imagen que las cámaras develan ahora, debajo del dantesco escombro en que se convirtieron Pedernales, Portoviejo, Manta, la Costa ecuatoriana, el pequeño país de mi Tahís?

¿Qué decir puede ya la vida, tras mirar esta otra imagen: la de un papá, vuelto estatua fallecida de polvo y mucha piedra, con sus dos brazos aniquilados, no vencidos, escultura de carne y humo, en su gesto final intentando abrazar a su hija adolescente, ella igual de muerta, con vestido rojo vestidita, como si fuese la versión manabita de la niña de 'la Lista de Schindler', brazos lánguidos, extintos, hacia abajo, sin poderle responder al padre que intentaba abrazarla para salvarla, para juntos salir cogidos de los brazos a la superficie?

Después del terremoto que sacudió al Ecuador entero, y que según el cable internacional habría sido veinte veces más potente que el del Japón; después de que la cifra aumenta cada día, la de muertos, de muertes, de vidas yertas, de desapariciones... ¿qué?, ¿qué más?, ¿qué más viene? ¿qué decirles?

Que la vida continúa. Que esta liga contra el cáncer de seno es la liga contra la muerte, o mejor aún: la liga de la vida por la vida. Que la esperanza, pequeña como una lucecita, se hace grande cuando se la alcanza a mirar, a lo lejos, desde bien abajo, desde el fondo de la tierra mirando para arriba, desde abajo del escombro, diciéndonos: "Ya vienen por mí, ya me sacan, ya dieron conmigo, ya viví..".

II

La orden oficial se entiende, la entiendo, la entendemos, especialmente los montones interminables de pacientes o familiares agolpados este mediodía en el piso 1 del H-CAM, ahí solidariamente esperanzados con los heridos de Manabí, Guayas o Esmeraldas que están por llegar. El momento es de grave conmoción nacional: "Cero cirugías ya planificadas, en todos los hospitales del H-CAM a nivel nacional" fue la noticia dada ayer.

Hoy el médico me confirma, a las 12 del día, al contarle que llego por la morfina para Nelly, mirándome con tristeza lejana: "La orden incluye biopsias y operaciones oncológicas". Y cuando ya estoy abajo, en Farmacia, con la gente agolpada a punto de devastar la enorme sala de espera, peleando un turno, esperando una medicina, me queda viendo una mujer, una señora mayor, con los ojos más llenos de bondad en el mundo: "¿Usted es el señor de Información?". Viéndola, decido hacerme pasar -por este mal de la ternura que llevo dentro- por 'el señor de Información' que se habrá ido a almorzar "dejando botado el kiosko" (y uno necesitando aunque sea ese puesto de trabajo).

Me siento ahí y les atiendo. Les digo a todos los que a punto están de pelearse de tanta espera que desespera: "Recuerden que la prioridad son nuestros hermanos de la Costa, están por llegar". Asienten decenas de cabecitas. "Señor, ¿dónde es Atención al Cliente?". No es al cliente, señora, clientes hay en los supermaxis, nosotros somos pacientes o familiares de pacientes. Suba un piso, a mano derecha, como quien va a la puerta de salida de Consulta Externa, ahí lea en una puerta pequeña "Atención al cliente, o al usuario, o a quien sea". Entre, pregunte por la licenciada Maria Augusta Lara, ella es la directora. "Señor, ¿dónde pido esta medicina, me dieron este papelito". Haga fila mija, justo ahí atrasito suyo, enseñe la cédula y si es paciente oncológica (significa: con cáncer), les dice nomás, y durito alzando la voz, porque en ventanilla algunitos no saben que los pacientes oncológicos son prioridad, aunque haya guerra, bombardeo o terremoto. "¿Sabe dónde toman muestras de sangre?". Arriba, suba un piso, a mano izquierda, todo recto hasta la mitad. Se acerca a ventanilla y abre la boca. "¿Dónde hacen los TAC?". Suba, vaya al fondo, pregunte por el licenciado Jorge Hidalgo y le dice que no le grite, porque es gritón y eso es maltrato al paciente, y le remata diciendo que va de parte de los derechos humanos. Así igualito como le digo...

Hasta que en la ventanilla del fondo dicen: "Nelly Valbuena Bedoyaaaa" (¡Ella soy yo!, respondo, riéndome, y abren los ojazos las señoras a las que atendí de voluntario). "No le puedo entregar la medicina, falta un sello", me dice el ventanillero. Pero eso fue error del área oncológica, no mío, le respondo. "Sí, pero no le puedo dar". Mire señor, he estado más de una hora aquí, mi mujer no puede venir porque está agotada ahí afuerita y no puede esperarme más tiempo en el solazo porque el sol la mata, y debo ir a recibir a mi hija, llega en media hora y vivimos muy lejos y ella es una niña con discapacidad severa que no puede bajarse del bus ni cruzar la calle solita. Así que yo de aquí no me muevo hasta que no me traiga el medicamento de mi mujer'. Y cuando va a decir "tiene razón, pero va preso", una mujer, nunca la he visto, sale de algún lado y se le acerca bravísima -y lindísima- y le dice al pedazo de manganzón: "Es una paciente oncológica: aprenda lo que es pri-o-ri-dad". Y entonces el señor no tiene otra opción que darme la medicina.

III

... Ya Nelly duerme, tras la fatiga diariamente eterna de cada tarde y noche. Ya Tahís duerme, tras la incesante tos dejada por la bronco-neumonía. Recuerdo, de pronto, la luz, pequeñita, leve, que alguien en estos precisos instantes, estará mirando desde abajo, desde el fondo de los escombros, allá arriba, aquí tan cerca. 

Salvemos, pronto, a ese 'alguien', ya la veo mejor, es una niña, desde abajo mira esta luz; quizás es una niña manabita, esmeraldeña o guayaquileña. Y se llama... Esperanza.

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Comentarios

Tan elocuente y conmovedor... Sin palabras.

Patricia Pacheco

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Qué valor y qué generosidad Alexis.

Un abrazo inmenso

Mayra Graciela Villarruel

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¡Te abrazo, Alexis Ponce!

Sarahi Concepción Blanco

Puerto Rico

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Ufff, me cuesta leerte sin derramar una lágrima, espero que todo vaya para mejor.

Abrazos a todos!


Genoveva Fernández Lagar 

España

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Ánimo, a ayudar a nuestros hermanos, qué más...

Dios nos ampare y bendiga a tantos que ahora sufren.

Maribel Recalde

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He vivido cada instante de lo que aquí has narrado Alexis... es duro, pero qué luchador y gran hombre eres, mis abrazos a Nelly y a Tahis: no las conozco personalmente, pero ya es como que las conociera.

Desde los EEUU,

Luis Fernando Cadena

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Qué relato tan conmovedor. Parecería de ciencia ficción y pensar que es tan real que sobrecoge el alma.


Un abrazo

Graciela Eldredge

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Tiene el encanto de la carta hecha a máquina, la lectura con voz incluida; en este caso duele.

Tito Paredes

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Hermoso, Alexis, leo y releo... 

Un abrazo para ti y tu hermosa familia...

Te admiro mucho, eres irremplazable...!

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Alexis, releí algunas veces y en cada una, tu voz se me hacía más nítida... y las escenas igual...

Gracias por esta trasmisión de dulce terrible realidad.


Rosario Utreras

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